Plantearme las preguntas: ¿Qué relación guarda "El malestar docente" con nuestra historia personal y qué hacemos o podemos hacer para combatirlo? Me ha llevado, sin dudarlo, a la "descomposición" que ha venido sufriendo el aspecto sindical en el sistema educativo: sus vicios, sus prácticas contradictorias, la calidad moral de algunos de sus integrantes. He escuchado a líderes sindicales decir que la cuestión académica es lo último que les importa. Y pareciera, que efectivamente consiguen más quienes menos interés en la educación tienen, llámense docentes, directivos, etc. que aquellos que genuinamente se preocupan por prepararse para devengar dignamente su salario y aportar con su trabajo a hacer una diferencia (pequeña, quizá) en este mundo que tanto lo necesita.
Pareciera ser que el que genera escándalo, aporrea las mesas, y qué se yo de cuantas cosas pudieran valerse, obtienen más. Conozco maestros tan flojos que a sus materias les llaman: españolnada, matenada, literanada, inglésnada,... Y allí están incrementando horas y sin que nadie les diga nada porque pertenecen al sindicato, tienen relaciones políticas o simplemente son periodistas. Y el Sistema se coliga con frecuencia.
Y cuando el desánimo me lleva a suspirar por la vida del rancho, donde las vacas y las gallinas son más nobles, donde la huerta y la mañana nos sonríen con sus dones, una voz dentro de mí me vuelve a la realidad de mi ser como persona: soy valiosa porque constantemente me esfuerzo por ser genuina, por ser congruente, porque cultivo el optimismo y la alegría en medio del claroscuro de la vida cotidiana para que la luz de mi trabajo no se debilite, sino que brille y su brillo ilumine la vida de los que me rodean. Porque en esos días de ataque del malestar docente, viene a mi mente la frase cierta: "si la semilla no muere, no puede dar fruto", esto es para mí, si mis propios sentimientos negativos no mueren no puedo general en mis alumnos (en mis hijos, los primeros), esos sentimientos y actitudes positivas para ser útiles y felices, en este mundo y lapso histórico que nos ha tocado vivir.
Nadie, que recuerde a través de la historia, con las manos en la cintura ha hecho alguna diferencia. A todos les ha tocado pagar un precio. Así que pagaré el mío. Me esforzaré y disfrutaré; me cansaré y recuperaré, me prepararé y renovaré, sembraré y segaré para que mi granito de arena sumado al de los otros pueda hacer un montículo tan grande que no pueda pasar desapercibido.
Cuando veo algunos alumnos difíciles concluyo que cómo no han de ser así, si los adultos están hechos un lío. Sin embargo también los veo con la esperanza de que algunos de ellos contribuirán en su momento a hacer cambios positivos en las áreas de influencia en que les toque estar.
Por eso intento ajustarme a la receta contra el malestar docente: "para hacer un buen maestro": Un par de ojos comprensivos, dos dedos de admiración ante la creación, una pizca de paciencia y dos tazas de humildad por cada taza de sesos del alumno, 250 ml de imaginación antirrutinaria, 1 l de capacidad creativa, 1 kg de ejemplo de vida y 800 grs. de criterio flexible" (Christiane Minnelli en Un regalo para el maestro, Edit. Diana. pág. 9).
¡Y aquí estoy! En la brecha todavía. ¿Nos acompañamos?
viernes, 14 de mayo de 2010
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